viernes, 11 de agosto de 2017




Es sabido existen las calles de la sed, más allá de la sal de tu cuerpo galopando en madrugada. En la más sangrienta de esas callejuelas desoladas, en el tumultuoso silencio del anochecer habita el pozo de tu boca y en su orilla, conmovidos e insomnes se arrodillan los camellos. Hablo de un futuro de polvo y arena, de Aladino desintegrado por el estampido de una enfermedad de metal. Se trata de casas y mesas a la hora de la cena, de historias de amor entre hombres y mujeres que desaparecen. De los campos de amapolas en Afganistán para la heroína de Inglaterra, del áspero territorio de tu vientre por no mencionar a Siria... mejor hablemos de otra cosa. De tu sexo de mariposa en la entrepiernas de una primavera de uvas. Del buen vino español. De que siento mi amor encerrado en una piedra. Mi amor es un ciclón encerrado en una piedra. Un bebé que no encuentra palabras... hablemos mejor de las rosas. / Y no del salario que desaparece a la semana, ni si nos casamos con los chinos o nos enamoramos de los americanos para resolver la pobreza Full Contact. De los pseudosentimentales oportunistas publicando revoluciones de ideas que no defenderían, escribiendo recetas por internet sentados sobre su perra cara, o de los gritos pelados como cebollas que nos guardamos en el bolsillo bajo la luna ensangrentada de un no tan lejano medio oriente/ Si de nada sirve pensar en niños arrastrándose sin piernas hasta escuelas de ceniza con solo salir a dar una vuelta, comprar el periódico y doblar la esquina del mundo, o de jovencitas escondiéndose de soldados demenciados hasta los testículos por la firma del negrito bueno de Obama que tanta paz repartió por el mundo. Qué diría Jhon Lennon y Luther King si respiraran? De su puño oscuro son las garras y las guerras sobre Siria y el Líbano. Acaso se te olvida. O es que nadie es capaz de sentir lo que no sufre. Y antes de partir hizo un último intento por penetrar culturalmente a Cuba sin condón.Y tú y yo mordimos la zanahoria que nos puso en la cara sin que nos importara el garrote a Venezuela.
Y es que es tan lindo ser conejo. /

Sé que te arruga la nariz que yo escriba esto, pero nadie te obliga al espionaje. Sobran agazapados. Y frente a un amor ciego no inclino ante sus ojos. Me niego a distraerme para no pensar. Distraerse para no pensar equivale a matarse para no morir. Antes, me atrevo a escribir: además de un mar encerrado en una piedra mi amor es un tornado dentro de un árbol, un árbol dentro de un pájaro. Y tu cuerpo es una pluma caída del cielo que escribe sobre la tierra hoy, que es toda la vida, es más fácil desnudarse que soñar con un futuro. El futuro es de pólvora, de escasez de agua para nuestros hijos y nuestras semillas, de topadoras y de monos arrancándose los pelos en el Amazonas. 12 hectáreas desaparecen por minuto. El amor no es el futuro porque el amor es un árbol, el amor pasó de moda, y este verso como nosotros ya no existe. /
Viviremos de seguro en lo próximo o lejano. El horizonte siempre fue el poema, invisible uno lejos del otro. Y es que detrás de estas palabras en esqueleto habrá eternamente una luna roja desojándose sobre el desierto, quizá seas feliz, y creas que el amor es amarillo. Pero el amor es un país sediento de memoria. Y el amor se conmueve hasta las fronteras cuando un rio se revuelca bajo sus raíces peinando el fuego. Porque el amor es mi hermano que te conté. Tiene una selva de loros fornicadores en su enorme cabeza, y padece en el tronco del corazón los golpes de hacha en las piernas de los pájaros refugiados ahora en el almanido de su guitarra. /
Quizá seas feliz. O al menos eso se ve en las computadoras. Y creas que el amor es un príncipe que se salva solo. Pero mañana crecerá y será Rey y te gritará en público delante de todos “pero por qué no te callas?”, y creas que mañana inventarán una pantalla conque plancharnos las arrugas del tiempo… pero tampoco. / Crecimos sin darnos cuenta de que no hay nada más fácil que quitarse la ropa. Pero el cuero es otra costilla. O a lo mejor el tiempo no pasó, y vendrá desde atrás y nos despeinará en este psiquiátrico inundado de potenciales cocainómanos que es el facebook. / Yo tenía miedo al paso del tiempo hasta que te conocí... Y ahora que te conozco tengo pánico a ti. A nuestras tontas masacres mientras otros padecen verdaderas torturas. Si hasta la felicidad se ha vuelto por aquí un complejo. / O a lo mejor el tiempo no pasó. Como el deseo de quienes se le caen las babas porque Cuba sea devuelta a los Estadios Unidos. Pero eso ya ocurrió, y dejaron un 38 % de mortalidad maternoinfantil en tanto ahora es del 4. Un número tan enano como nuestro salario y el destino pequeño y verde que me ofreces entre las manos. Que en nada se parece al verde de las manos de cuatro dedos de Roque Dalton después de cortados por cojonudo poeta descarriado. Acaso se debe regalar la infancia para que la vuelvan a destrozar como un juguete, o convertirla en un consolador para la cartera de la dama y el caballero. Quizá seas feliz, como una virgen detrás de tus puertas, mármol adentro. Pero a un diablo no lo engañas. Encerrada en la pelota memoriosa sobre el césped fosforescente con papá y mamá, tan potentes como bombas que salpican el paisaje aunque cerremos los ojos, ya los símbolos han escrito su ley, y también los crucigramas. /

Hoy desperté, y de entre las pestañas me saqué un brazo. Era un brazo pequeño, como de muñeco. Amanecí solo y no estabas conmigo para desayunarlo juntos. Untar el pan para nuestros adentros y decir callados que suerte, no les tocó a nuestros niños. Por aquí las palabras y la mantequilla y por allá el dulce de las emociones. Por aquí la belleza y por allá la grandeza. / Y nos conmovimos si, lógico. Como si eso fuera suficiente. (Al menos para nosotros los derrotados está de moda doler, ni qué hablar de la nostalgia). En mi caso, para una sola cosa quisiera volver el tiempo atrás. Al instante eterno en que te vi pero no te conocía, y al momento en que Bush y Obama firmaron las invasiones. Para abrazar con piernas y brazos el bolígrafo y detener el decreto contra Venezuela por su millón y medio de viviendas. Es ya evidentemente posible levantar otro mundo desde abajo de la tierra. Porque digo petróleo y digo patria, y porque quien hoy tiene petróleo en su patria sabe bien lo que es parir. /Y dicen que el bolígrafo era una zanahoria. La que después Obama le puso a Cuba en la cara... y garrote para Venezuela. Y fue a lo de Pánfilo y mucha gente se rió. Porque calló lo que pensaba, pues eso también está de moda. Como la piel de la noche el color del pozo empetrolado de tus ojos, en el fondo a mí, no me engañas con pantallas. Yo te conozco. Gimiendo detrás de la sonrisa como un cielo por el parto del arcoíris. Y tú y yo sabemos, el futuro ya pasó y el pasado no existe. Perdón, alverre y al revés, el pasado ya pasó y el futuro no existe. /Y tú te empeñas en arrancarle los brazos a la ternura con manos de celular, juguemos al amor que el hoy es un tiempo indetenible. Como aquella vez en el teatro al borde del mar después del cine en que solo vos y yo sabemos. De orgasmos apurados en perdidas escaleras de ceniza. De desapariciones. Como mujeres violadas una y otra vez hasta la muerte en olvidados campos clandestinos. /Y vos y yo pastando en el paraíso de la estupidez, rumiando viejas semillas. Leyéndonos los ombligos sin comprender el nacimiento… pero qué va, mejor volvamos a la tibia y cómoda primavera entre tus piernas que ya mis camellos se inclinan frente al pozo de otra boca. Una boca que por mero capricho del destino no nació en Siria o en Libia. Porque si hubieras nacido allí en lugar de desear que Obama venga hubiéramos rezado porque se vaya. De todas formas, algo es seguro. Y es que yo hubiera cruzado púas y alambres para llegar a la frontera de Alemania o España solo para darte un poema escrito en el cuero de un bebé antes de subirlo a una barcaza sin destino, digamos desarraigo. Acaso puedes soñarlo? Besándonos las manos y los ojos bajo la luna polvorienta de una frontera en Marruecos? Mejor quedémonos aquí sentados. Yo en mi silencio y tú en tu belleza contando los Me gusta, haciéndome caricias con guantes de boxeo. Y es que todo venía bien hasta que leíste esta idea llamada sentimiento que es un modo más poético de decir ideología. Ideología: Acertada conciencia. Perro feliz con plumas en los huesos que huye despavorido del posmodernismo con sus motores. También bebé foca extraviado en un papel en blanco hasta que viene el ser humano y le destroza el cráneo de un dulce garrotazo / Y hablando de zanahorias (pero no de nuestras caricias con pata de conejo en madrugada hasta que se nos gastaron las cuevas), para qué, me pregunto ahora, leímos tantos poemas desnudos de Luis Rogelio Nogueras en el precipicio de las lágrimas? Su cabeza no se escondía entre dos piernas para gritar hacia adentro palabras al útero con los labios en el cuello. O sí, pero no solo eso. Él siempre dijo la infancia es política solo que no habla. Y la ternura es ideológica se define en la lucha. Pero tú y yo nos jodimos porque donde decía lucha leímos ducha. Y a tu cuerpo se le mojó la pólvora y ya no es una granada arrojada a la noche para estallar como una estrella. Y tu espalda ya no será caballo de nuestra guerra cotidiana/
Ayer vi un loco escribiendo a mano desnuda en la pizarra del cielo, con sangre de bebé foca: Sobran hombres y mujeres bonitas, se buscan personas. Y es que de verdad no existe nada más peligroso que un loco que escribe frente a una pared que es esta hoja en blanco. Tan blanco como el alma de la mamá del bebé foca quien suscribe: una sola cosa me enseñó el amor en boca de mis padres: es preferible pasar por loco a vivir agazapado. Desvergüenza y pasión, son dos alas de un mismo cañón hechos con carne de bembé. /
Acaso puedas negarlo para tu paz, que se come las uñas en los rincones hasta perder los pellejos junto con las caricias. Pero los espejos son así de mentirosos y sangrientos. Zanahoria para mi Cuba, y garrote en mi Venezuela. / Pero no nos vayamos por los huesos, por el polvo bajo la luna. Que si Roque y Luis vivieran estarían de nuestro lado. Debatiendo con las lombrices sobre el gusto de la tierra. Y no me refiero a este lado de la tierra donde hablan las flores hasta por las venas, los socialistas y humanistas de verdad, aquellos que vivimos al costado del verbo, somos felices también con las raíces pero sobre todo hasta las raíces. Jamás aprenderemos a callarnos el sol que nos entra por la cabeza y somos tan pero tan descarados, que eyaculamos en público la leche de mamá en la espalda de la luna o en la garganta de una fruta, somos capaces de engendrar perlas masturbándonos con caracoles. / Y tenemos nuestro Silvio, inmortal y planetario después de mil canciones. La política y el amor son coherentes en su estrategia. Los fríos pacifistas hablarán en cambio de buenos y de malos. / Ya acabo.
Y ahora que la cerveza está incomprable e incomparablemente más fría que nuestras almas en las tiendas del Di tú, dime algo, es tan azul el mar en madrugada? Voy pa ti, nunca lo olvides: Mi corazón es una isla de columnas que se pierden en el cielo como piernas de mujer, y guardo aún bajo los párpados de mis orejas el grito del horizonte. / Lamentablemente soy un americano de cara al sol con la memoria de un Perú, bajo una nueva luna ensangrentada, bajo la arena y el polvo de Siria, te observo niña en los campos de amapola, descuartizada y hermosa. Triste heroína del ayer.

domingo, 6 de agosto de 2017

Un mar en el ascensor

Lo habría evitado con demorarme un minuto más en la biblioteca, uno de los pocos lugares de la ciudad donde se puede encontrar frescura y soledad. Pero ahora yo estaba ahí, a la espera del transporte cuando la mujer me clavó los ojos unos metros antes de llegar. Venía con el hombre de la mano, arrastrándolo como a un chico.

Disculpe, me tengo que ir al trabajo, es mi papá y es ciego, tiene que subirse al colectivo Sur 13 ¿usted me haría el favor de subirlo? Gracias, acá está el bastón.

Sin darme tiempo a reaccionar, la mujer se perdió entre la multitud. Miré al hombre encorvado, de gafas oscuras, peinado con fijador. Llevaba puesto un sobretodo negro hasta los pies y un rosario al cuello.

–Para esto uno trae hijos al mundo– murmuró con el rostro hacia el piso. –Mi nombre es Sebastián, soy escritor.
–César, mucho gusto. ¿A dónde va?

El ciego no contestó. Además de ciego parecía sordo.

–¿Me permite contarle una historia en lo que se demora el transporte? Sin prólogos– dijo.
–Lo escucho– respondí sin despegar la vista de la esquina, por donde debía asomarse el autobús de un momento a otro.
–Mire, la historia es así. Yo oía a mi vecina cantar por las mañanas y gemir por las noches. Cuando su esposo se iba ella empezaba a cantar y cuando llegaba, comenzaba a gemir. Yo vivo solo en el piso ocho hace treinta años, y nunca tuve tantas ganas de saber a quién pertenecían esos gritos. La voz es el contorno de las personas, forma parte de sus orillas. He evitado asociaciones por temor a caer en la falsedad. Usted sabrá, de conjeturas están hechos los sueños y de esperanzas el futuro.
Por el sonido de sus tacos en los azulejos del baño yo interpretaba el momento en que se sentaba en la taza del inodoro, imagínese que soy capaz de escuchar la rotación del eje donde se coloca el papel sanitario. Entonces yo le hacía el café mientras ella terminaba sus cosas en el baño pero a veces se demoraba, la leche se enfriaba y yo terminaba desayunando solo. Incluso eso soportaba, desayunar solo.

No entiendo– lo interrumpí–. ¿Desayunaban juntos?
–No, no. Yo armaba toda esa escena, era como un juego para mí, eso de teatralizar el desayuno. Después yo salía al pasillo, subía la escalera hasta el último piso y me encerraba en el ascensor. Y me quedaba ahí, a la espera de que ella saliera de su casa y presionara el botón del elevador. Se demoraba unos minutos, pero una vez juntos, yo empezaba a respirar lo ocurrido debajo de su pollera, su olor a marisco bordado de algas y vegetales. Algunos vecinos se fastidiaban porque subían y yo estaba ahí, cuadruplicado frente al espejo. Pero los más simpáticos me saludaban, ¿cómo anda el cieguito paseador? Ya puede ir trayendo la camita, bromeaban.
Ella subía al elevador en el piso nueve, pero era entre el seis y el siete que se levantaba una lluvia de escamas.

–¡No bromee! – lo interrumpí otra vez.
–Por mi madre– dijo el ciego llevándose a la boca el rosario que tenía colgado–. Imaginaba los peces entre sus piernas, atrapados en su red de tela blanca. Incluso ahora mientras se lo cuento, crece dentro mío una ola de ansiedad. ¿Me sigue?

–Por supuesto– respondí ansioso mientras encendía un cigarrillo.

Pasarla a buscar en el ascensor significaba salir a pasear en un baquiestafo, nuestra nave espacial marina que nos saca del mundo que nos rodea. Al principio, los gemidos eran la brújula hacia los mares del insomnio y yo escribía sin problemas. Usted sabe que los escritores somos vampiros y chupamos palabras de la noche. Su marido es un marinero jubilado y raras veces se ausentaba de la casa, salvo por las noches cuando bajaba para tirar la basura. Yo he llegado incluso, a revisarles la bolsa de basura. Perdí la vista de niño, pero guardo las voces que acompañaron mis primeras imágenes. Con ese material no es necesario más, el resto es intuición de la realidad que yo convierto en fantasía. Para un ciego, todas las mujeres son hermosas porque… bueno, porque las mujeres siempre son lo que deben ser. Pero ella convirtió mi casa en una isla desierta, y llegó un momento en que necesité verla, descifrarla con los dedos. Entré un sábado por la noche a su casa. No había parado de cantar en toda la tarde. Su voz tenía el brillo de las mujeres cuando se alejan de los hombres. De hecho, su marido se encontraba de viaje. Decidí no llevar el bastón porque todos los departamentos son iguales, y creí que podría orientarme con facilidad.
Más silencioso que una sombra atravesé el comedor y entré en la sala, pero hice unos pasos y caí dentro de una piscina. Dentro del agua, sentí su mano y luego en mis labios, sus labios. La abracé debajo de la cintura, a la altura de las nalgas, y comprobé lo que sospechaba. Su cuerpo, en lugar de piernas, continuaba en una resbaladiza cola larga. Estuvo dándome aire boca a boca hasta que se aburrió, así son las sirenas. Luego me sacó a la superficie. Ella y su marido decidieron mudarse a los dos días.


El ciego detuvo el relato.

–Usted sabrá disculparme, ¿me haría el favor de preguntarle a la señora que tiene al lado si este colectivo es el que espero?

En efecto, un autobús se había detenido delante de nosotros y a mí, que veía, se me había pasado. Estiró el bastón para tantear el transporte. Observé el cartel, era el Sur 13. Su intuición volvía evidente lo real. Pensé en mentirle para escuchar más. ¿Qué había sido de aquella mujer?, pero temí ser descubierto en mis intenciones. Lo ayudé a subir y me quedé parado ahí, los hombres siempre reaccionamos tarde, y al ver que el autobús se alejaba, corrí detrás.

lunes, 29 de mayo de 2017

Creí saber de qué se trataba la noche hasta que su cuerpo estalló
desapareciendo por siempre detrás de la estrella del olvido.
Los ángeles se desvanecieron en cristales de silencio,
nuestro cordero falleció en el planeta rojo
y una procesión de dinosaurios murió de sed en los labios de la tarde, 
no existe arte capaz de expresar semejante dolor

ahora sólo queda sentarse a llover hasta que el cielo se haya secado,
pararse y gritar hasta despeinar los árboles de fuego brotados en cada poro de la tierra
(y si es posible apagarlos mejor),
juntar trozos de cachorros perdidos,
tejer esquinas donde la tristeza se muera de la risa,
abrir la mano soltar el pájaro azul pero eso sí:
guardarse siempre unos pétalos antes de que las últimas plumas 

terminen por convertirse en espinas ( y se claven en la sangre las desilusiones pues)
((los lobos sedientos de luna tenemos inclinación
a confundir el rio con el mar)) 

y quien se va jamás observa los caballos con los mismos ojos de quien que se queda 
por eso es necesario recoger las flores sembradas sobre las piedras y correr,
correr en dirección al rio desnudo con un pez urgente en el bolsillo 
guardarse en el corazón a los amigos antes de alistarse en la embajada de Venezuela
y es que Afganistán no será retratada en el televisor
a pesar de haberse convertido en una dulce tierra de sangre y amapolas para la heroína,
el diablo gobierna con excelentes salarios y el sol, el sol se acerca a nuestras cabezas 

hasta desaparecer y los grillos, los grillos no pueden evitarlo en este tiempo
en que los violines del amor ya mudaron en fusiles 

y las cruces se invierten conviertiéndose en espadas y tú, 
le prestas tu manito porque piensas que sufrir,
sufrir no es más que una palabra con el color del frío,
un odio de metal corta nuestro ombligo a la tierra
de Luis Rogelio Nogueras
ahora que nuestros conejos desnudos se han quitado las máscaras
y degüellan su Cabeza de Zanahoria, y parten al medio el corazón de remolacha
de nuestro inolvidable Roque Dalton y los pies de frutilla de Pablo Neruda 
por siempre publicado pero más nunca sentidos porque lo que es sentir, 

lo que es sentir con las orejas las babas las lágrimas hasta que se te nuble la vista, esa,
esa es tarea de los hipocampos bajo el agua o de los gatos en el aire 
o de los perros fornicando en la noche patas para arriba
bautizados con el instinto sin más lógica que la del instante 

ancho largo infinito como el beso que te robé,
sin la tarea de inventar conceptos vacíos universitarios o poder decir te amo (vaya poder)
y de nuestras manos, ah de nuestras manos

silenciosas en la noche húmeda,
como un solo molusco bajo la luna
como dos estrellas de mar copulando
en el futuro que ya no existe igual a estas palabras
fascinadas por suicidarse con las abejas
desde el precipicio del viento, volar,
volar en enjambres de semillas hacia otros rayos de miel
ya el reloj nos incendia los talones y el amor se ha quedado sin espuelas
sin bisagras sin filosofía sin ángeles para el coraje más,

la ventana seguirá abierta sobre nuestras cabezas
y mamá nos seguirá dejando el café aunque ya
no estemos juntos para endulzar su despedida
y subir al transporte llevándonos su mirada,
su escudo su soldado enamorado, qué va,
por suerte el vientre y las calles  donde juegan los niños sin peligro de muerte
ya están cifradas en mis venas y eso se llama Revolución. 

Parece imposible pero es simple sólo se trata
de ese momento ahora invisible una caricia inevitable
igual a un pájaro rompiéndose la garganta en una jaula de marfil, 
en tanto los hijos de los elefantes muertos arañan con rezos
las puerta del templo de piedra donde descanso: 

el orgasmo paciente escondido debajo de la lengua urgente.
El músculo salival gastando el cuero de las estrellas,
con el sólo objetivo de refugiarme en sus huesos,
alejarse de un amor cangrejo duro por fuera y blando por dentro 
que se empecina en arrancarle los ojos al caracol de la ternura 
y huir, distanciarme del amor actriz para el público de arena,
en este mar de ombligos de sal
donde estamos obligados a montar a caballo a contrapelo de los sueños
en paisajes de madrugada hasta desaparecer.

martes, 23 de mayo de 2017



Mi madre fue una perra que juntaba a sus hijos en un abrazo y decía huelansé. Luego nos limpiaba con su lengua de cebolla y vino el ombligo y las orejas, corriéndonos con canciones húmedas a los gritos por la casa, pues había que reescribir las prolijas tintas femeninas enseñadas en la escuela y la ortografía de las vidrieras donde no se refleja el arco iris,
creo nunca ofendió a nadie con sus aullidos salvo a la noche fulera, cuando le faltaban las uvas para dormirse en paz detrás de sus semillas, y a las estrellas por reír como un caballo hasta hacerlas temblar, nos leía en voz alta a orillas de la cama, incluso para los niños sin zapatos que habitaban aquel mar donde flotaba nuestra tierra insurgente,
afirmaba la maldad es hija del abandono y sólo se ablanda con palabras, para al otro día despertarnos otra vez con esas caricias, subir las persianas y cantar, para luego en silencio con la amanecida irse al trabajo, hacerse el hombre y derrotarlo sin necesidad de pelar nunca su cuchilla de vapor y aceite, o su dulce teta maquiavélica de leche potenciada en ríos de mariposas,
mi buena madre perra fue tres veces Reina de la Primavera por su belleza de otoño y su mirada de invierno en alientos de verano, vivió un tiempo donde los autos eran menos veloces, las casas menos lustradas y los arroyos más claros, la escuché decir sin pronunciar una palabra yo fui pobre, lavaba la ropa a mano en el patio dándole bomba a la vida a los diez años y leía a vela entre paredes de barro páginas anaranjas, y por eso ahora es una perra con lentes donde vemos como detrás de la ventana del comedor crece el pasto blando y verde de sus ojos,
sin haber estudiado en la universidad tuvo la coherencia de sintetizar proyectos políticos con la economía de palabras que da lo sentimental, recuerdo dijo cuando yo era chica se veía menos modernidad y menos miseria, de seguro éramos más parejos porque cuando elegís y el dinero está en el medio aunque no lo veas tu mundo girará una tuerca más hacia la derecha. Y para ser hombre es necesario salir del hombre no lo olvides, el corazón queda a la izquierda junto al tango del comedor,
mi vieja dijo la familia es una circunstancia al igual que los amigos, porque el mañana de la historia o sea el futuro que no existe, se ocupará de ejercer esas palabras, suavemente, como una actriz desnuda callada y ausente al escribir una carta, mi madre fue perra caballo y también paloma. Porque incluso en sus días de lluvia en la frente y épocas de tormenta, nos echaba del nido empujándonos con las alas.


viernes, 12 de mayo de 2017




La poesía nos salva de llorar. O es llorar por las manos. La poesía es una espada capaz de cortar una lágrima al medio. La poesía es un río desbocado hacia los peces de tu sonrisa. O es tu sonrisa desbocada en el mar.Las lágrimas no cambian el curso del mar. Pero son inevitables frente a ríos de mediocridad. Sólo luchar como se pueda, hacer lo que uno puede, equivale a sembrar con una espada una lágrima que potencialmente puede transformarse en una mina. Es la pólvora por la que preguntarán nuestros hijos. Incluso ausente, serás la mujer inconforme, democrática y explosiva que busco y encuentro en la calle desnuda.

Y ahora, en medio de la calle inundada de hambre, la balsa de tu sonrisa emerge en batallas de antemano perdidas. Este cielo nublado es tu sombra y bajo tu cuello sobre la sangre de tu pecho izquierdo me alejo de tu boca. Podría distraerme en una nube e imaginar que es uno de tus suspiros congelados a lo lejos

necesito confesarte el grito de sal de los delfines amordazados en el fondo del alma
las estrellas desnudas en esta oscuridad helada y la risa contenida 
en el viento de sábanas azules levantadas para el barrilete de tu cara.

Y tu pelo revuelto de hombres y mujeres con la cara detrás de las rejas, esperando justicia. Cada ser tiene su cárcel, escribiste en mi estómago y tú tienes la mía. Busco en tus ojos el sol esmaltado. Si sólo pudiera tenerlos ahora atravesando las ramas cansadas de las manos.Un perro se para en tus rodillas y lame tus muslos. Y te miro y no te digo nada, y me quedo en la calle sentado en dos patas. 



lunes, 3 de abril de 2017

El problema no es el tiempo, sino cómo uno pasa por el tiempo al igual que por las personas. Acá o allá, el tiempo pasará de todos modos. En otro espacio, un hombre y una mujer desnudos recostados sobre la bandera de la patria son capaces de ver cosas que no existen. Como por ejemplo el futuro. Y desaparecer.

martes, 30 de agosto de 2016



Los enamorados invisibles y el sueño del fin del mundo

Con hilachas de corazón en las encías con semillas de flores en los huesos, los enamorados invisibles mueren de pie como los dientes de la calavera. Estrangulan con lazos de piel las estrellas cuando luego del trabajo el barco de la calle se convierte en un colchón sin almohada. Cortan la respiración de la noche mientras el reloj del cosmos brilla para ellos a años luz de las horas comunes, leen poemas en los ojos de los cuervos y el ciclo de los corales en el ombligo de los peces, o arrancan las plumas de los niños que fueron con los dedos de los pies. Así crecen los pétalos de las flores que siempre serán, mientras trazan raíces de arena a orillas del mar al arrastrar sus sábanas fabricadas con el polvo de la luna.
Los enamorados invisibles odian algún pariente insista llevarlos en carro a casa porque les gusta dar asco de cómo se besan en la parada del colectivo. Es ahora porque el mañana no existe cuando se marean bajo los árboles y los pájaros galopan por las ramas asustados por tanta primavera, yes de noche cuando se besan en el mar con el agua hasta el pecho bajo la lluvia, se ríen con la curva de los ojos, porque el deseo es una recta sin tiempo y las bocas dos cuencos de silencio donde cualquier palabra que interrumpa el beso es ridícula.Embriagados de espuma en rincones azules de verdes bahías, los enamorados invisibles levantan espejos a su alrededor en el país donde se recuesten. Su pueblo está situado en la provincia del no recuerdo cuando nacieron ni fue que murieron, y su patria es una cruz clavada en la lengua del beso eterno. En su cuarto del tamaño de una caja de fósforos guardan las lenguas y la cruz que utilizan de llave para abrir los besos. Tejen acordes con las musarañas de sus dedos y luego de la séptima nota si, gimen una octava por supuesto, convencidos de que la respiración es una caja musical. Al sonreír, rodeados de camas vacías oxidadas por las horas infinitas, suena un saxo junto a unas risas lastimosas de ángeles negros y borrachos que habitan el patio naranja donde los cocos de las palmeras se apagan con la perilla de la luz.
Los enamorados invisibles duermen desnudos sobre un pañuelo lleno de mocos y de lágrimas. Saborean el final en la dramaturgia del instante. Duermen con el ojo del estómago despierto y observan el sueño del fin del mundo por la cerradura del abrazo. Para los enamorados invisibles el sueño del fin del mundo es no renunciar a respirar a pesar de cada vez menos bosques en el viento. Es soñar en el cielo con tener hijos pero también sentir con los pies en la tierra qué hijos se les está dejando al planeta. Si de plástico o madera.
Son categóricos en creer que la política sin arte es una espada desafilada y el arte sin política una guitarra desafinada. Uno lejos del otro, se cortan las venas con alas de mariposa por defender contradicciones, al hablar son más interrogativos que propositivos, y resuelven sus quejas poniéndole el pecho a las palabras si es necesario lejos de casa. Se lanzan al sol antes que al verbo. Su pasión, consiste en desidealizar ideas y suicidarse ante la duda. Y así pasan meses entre los hombres y las mujeres, de barrio en  barrio, de mesa en mesa, hipotetizan sobre el motivo del precio del pan, o detenidos en el bullicio de la tarde, cruzan variables que expliquen cómo es posible en esta esquina de arena la tristeza se muera de la risa.
Ya dijimos los enamorados invisibles se alimentan de polvo y distancia más nunca de olvido. Sedientos de curiosidad indomable, se van queriendo quedarse. Cargan con semillas de flores en los huesos y mueren de pie como los dientes de la calavera, estrangulan con lazos de piel las estrellas desde los barcos en que convierten las camas, e izan sábanas frente a oleadas de grillos entre la sal y la penumbra, se ríen de la incomprensión de los abogados por ausencia de metáfora y observan a los seres humanos desde el infierno paradisíaco desnudos y en cuatro patas en que viven. Su trabajo es duplicar ríos de sangre en los cristales y se suicidan por la mañana con el azúcar dentro del café o se evaporan con el primer cigarrillo. Con tan sólo un recuerdo pecan de memoria. Por las noches, hermanos padres y amigos lejanos laten en cada movimiento de cintura. Quien los observe parado en el pezón izquierdo de la luna, verá que los enamorados invisibles son una luciérnaga invencible. Ocurre que los enamorados invisibles no hacen el amor, deshacen el odio con ternura. Luego salen a la calle para perderse entre fantasmas y otros invisibles.